[VIDEO] Ley Jones impide a embarcación de Greenpeace traer ayudas a la isla

20/11/2017

Con información de: Noticias 24/7 y The Objetive

Tras una gira de un mes por la costa este de Estados Unidos, el Arctic Sunrise llegó a Puerto Rico con una misión que no pudo cumplir: traer ayuda a la isla devastada por el huracán María.

El grupo ambientalista Greenpeace se sumó a la campaña Our Power Puerto Rico (#OurPowerPR), una iniciativa liderada por organizaciones que abogan por una “recuperación justa” de la isla que ha sufrido los embates del huracán más fuerte que ha tocado tierra en 85 años.

Paneles solares, purificadores de agua, productos agrícolas sostenibles, bicicletas y herramientas son parte de los suministros recolectados para aliviar la crítica situación por la que atraviesa el país. Pero el Arctic Sunrise no pudo llevarlos directamente ya que es un barco con bandera de Holanda. Y es que la Ley de la Marina Mercante de 1920, conocida popularmente como la Ley Jones o “Jones Act” en inglés, impone restricciones que impiden a naves comerciales extranjeras trasladar bienes a la isla.

Trasfondo del barco de Greenpeace Arctic Sunrise 

Con capacidad para unos 36 tripulantes, el Arctic Sunrise ha surcado todos los mares. Junto al Rainbow Warrior III y al Esperanza, es uno de los tres barcos de Greenpeace.

Este pesquero llamado originalmente Oso Polar, que había sido usado para la caza de focas y cuyas acciones fueron combatidas por la propia Greenpeace, fue adquirido por el grupo ecologista en 1995 tras crear una compañía fachada, la Arctic Sunrise Ventures Ltd., que le permitió ocultar su identidad para burlar la negativa de sus dueños noruegos a vendérselo a la ONG.

Desde entonces, no ha cesado en su tarea de difundir su mensaje en pro del cuido del medio ambiente de creativas maneras, como cuando el año pasado transportó al Círculo Polar Ártico un piano de cola que el músico Ludovico Einaudi tocó sobre una plataforma flotante frente a un glaciar como parte de una campaña para salvar el Ártico.

Esta nave de 49,62 metros de eslora y que puede alcanzar una velocidad máxima de 13 nudos logró en 1997 circunnavegar la isla James Ross, en “el continente helado”, constatando con su expedición los efectos del cambio climático pues antes era imposible porque estaba unida a la península antártica por un puente de hielo de unos 200 metros de espesor.

En 2009, pudo llegar más al norte que cualquier otra embarcación para documentar el impacto del calentamiento global en la fauna ártica debido al derretimiento de los glaciares.

Le ha plantado cara a la caza de ballenas que la flota pesquera de Japón ha justificado como parte de un proyecto científico y que Greenpeace ha denunciado insistentemente encubre meros fines comerciales, interponiéndose incluso entre los arponeros y los cetáceos.